Todo eso basta

El verano es ver un documental de Patti Smith y echarte a llorar porque, cuando habla de Richard Mapplethorpe, te acuerdas de JG. Llenarte los pies de arena y correr hasta la toalla porque quema. Pintarte las uñas de un verde rabioso por el mero hecho de que es verano y te gusta llamar la atención. Comer un helado cada día y llenar la nevera de polos, cucuruchos y sorbetes sin saber cuál elegir. Leer esos libros olvidados para los que, hasta ahora, no habías encontrado tiempo.

Devorar revistas de moda e imaginar cómo te quedarían esas combinaciones geométricas y esos pantalones anchos, tan Hepburn. Tumbarte en el sofá y mirar cómo el ventilador da vueltas y más vueltas. Ir algún domingo al mercadillo, rebuscar entre los puestos hasta encontrar una ganga y volver a casa con un vestido largo bajo el brazo. Escribir sin ton ni son. Continuar el cuaderno de sueños, como hacía aquel personaje de un cuento de Carver que tanto me gustó. Estudiar la ley de contratos y, contra todo pronóstico, encontrarle la gracia.

Comer el mejor arroz de la temporada en ese restaurante del paseo del que todo el mundo habla. Hacer mil fotos, buscando un encuadre capaz de convertir el paisaje de siempre en algo distinto. Mirar vuelos que no vas a comprar e imaginarte en Milán, caminando sin mapa, entrando en librerías, tomando un café en Brera y pensando que, por una vez, no tendrías ninguna prisa por volver. Contar los gatos que deambulan por la urbanización y confirmar, una vez más, que como Fede no hay ninguno. Ponerte un collar multicolor hecho por ti y descubrir que acaba convirtiéndose en tu favorito. Escuchar las canciones de Giorgia en bucle.

Dormirte con las ventanas abiertas y despertarte antes de que el calor te derrita. Contar las picaduras de mosquito y preguntarte cómo consiguen encontrar siempre el único rincón que habías dejado sin repelente. Perderte el eclipse total del que todo el mundo habla. Volver a ponerte ese vestido blanco que solo tiene sentido en julio. Ver cómo el sol va cayendo sobre el paseo mientras las mesas de las terrazas empiezan a llenarse. Quedarte un rato más en la Casa de la Guasa porque quieres comprobar que el dueño sigue igual de risueño que siempre. Pensar que septiembre ya llegará con nuevos planes, pero todavía no, prefiero seguir en este verano en el que todo basta.

Foto: Gato Fede



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