Del brazo de mamá.

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Cuando llegan estas fechas navideñas, a mi familia le gusta recordar entre risas y villancicos, la vez que de pequeña terminé perdida en la sección de juguetes de unos grandes almacenes. Nunca he entendido como con un historial tan repleto de anécdotas con el mío a cual más disparatada, se empeñan en sacar a relucir ese viejo incidente de mi infancia, que junto con las clases de costura de la madre Carmen fue uno de los peores episodios de mi vida, sino el peor. Pero lo hacen, y aunque cueste creerlo, el detalle que recuerdan con mayor precisión, no es tanto su preocupación por ese momento de desamparo en el que me vi envuelta, sola, rodeada de niños gritones y un Papá Noel barrigudo, como la regañina que me propinaron cuando por fin me encontraron.

 

De nada sirve que diga que no, que no fue así, que le quite importancia a esa historia mientras trato de defenderme, porque en realidad todos me conocen y saben que soy capaz de cualquier cosa, hasta de inventar una mentira. Y es que ya desde pequeña, mi vida ha estado siempre salpicada de pequeños incidentes. Glorioso fue el día que se me coló mi zapato de charol por la alcantarilla y movilicé a todo el Paseo de Extremadura para rescatarlo, incluido el churrero que fumaba en la calle. Y aquel otro en que se me cayó la fuente de pasteles encima del traje nuevo de mí tío. O cuando me empeñé en subir a casa un chucho abandonado, con el consiguiente berrinche.

 

Si, de todo eso todavía me acuerdo a pesar de los años. Pero del día de marras, de ese día no logro acordarme. Bendita mala memoria. Solo sé que me distraje mirando una Nancy que desde un estante con su vocecita, me llamaba a gritos. No me acuerdo de más, ni siquiera de cuando se acercó una dependienta y al verme hacer pucheros, me preguntó por mis papás. Según dicen, bajé la cabeza y no fueron capaces de arrancarme ni una sola palabra ni la dependienta ni el Papa Noel barrigudo.

 

Mi memoria ha maquillado aquellos detalles incómodos hasta hacerlos desaparecer, aunque tanto me han hablado de esa regañina, de ese coscorrón, que cada año que pasa creo recibirlo por primera vez. Y sin embargo, juraría que no lo hubo; que como tantas otras anécdotas, forma parte de la fantasía de mi familia o de la mía. Es más, incluso diría si me apuráis, que después del reencuentro; tanto lloraba que en compensación por el susto, nos fuimos a merendar esas tortitas con nata que tanto me gustaban. Y que hasta me compraron un cuento. Y un globo. De eso si me acuerdo bien, del globo y que era Navidad. Luego enfilamos la calle Preciados y todo, incluida la Nancy, se desvaneció como una pompa de jabón, agarrada del brazo de mamá.

 

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Fotograma de la película Milagro en la calle 34

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Categorías:Momentos, Recuerdos, Uncategorized

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8 respuestas

  1. non ho tradotto è troppo lungo, ma buon natale col cuore

  2. Che la vita ti sorrida e che Babbo Natale ti porti i doni che ti aspetti anche per il 2016. Felicità! Osv.

  3. ¡Qué entrañables recuerdos! 🙂

    Feliz navidad, muak!

  4. Sono in ritardo con gli auguri di Natale , ma in tempo per quelli di Buon Anno……
    Un abbraccio grande!

Trackbacks

  1. Del brazo de mamá. | " Una Voz en el Silencio "

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