Quiero ser como ella.

 

Acodada tras la barra del bar me siento guerrera, dispuesta a comerme el mundo a mordiscos,  pero no os  asustéis ¿eh? ¿Será que el vestido rojo que llevo puesto me favorece? ¿O será por las medias de rejilla?  Conociéndome, quien sabe…

 

Es hablar de medias de rejilla y venirme a la cabeza la simpar Mae West, aquella actriz y guionista de los años 30,  prototipo de mujer fatal por excelencia e inspiradora de tantas y tantas vampiresas modernas de sonrisas de carmín y tacones de noche. Un universo el suyo, mecido por el ritmo de jazz en clubs oscuros donde paseaba su escote generoso, con el mismo desparpajo con el que disparaba cualquiera de sus célebres frases de doble sentido, aquellas con las que desconcertaba o adulaba a sus admiradores entre caladas de cigarrillos y miradas azules en busca de dueño.

 

Resulta difícil no sentir atracción por ella, lo sé. De hecho apostaría una copa a que a más de uno se os harían los ojos chiribitas si os encontraseis a alguien así, con ese desparpajo natural, hartos de tantas petardas de discoteca. No hace falta que os justifiquéis, os entiendo, a mí también me gustaría ser como ella: lenguaraz, atrevida, descarada, con un cuerpazo de infarto…  Aunque no os hagáis ilusiones,  una mujer como ella, con esa personalidad tan arrolladora, necesitaría de un hombre capaz de darle replica y todos sabemos aquello de que “Cuando la mujer tiene virtudes masculinas, los hombres salen corriendo; y cuando no las tienen, somos nosotras las que salimos despavoridas…”

 

Somos así…

 

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No hace mucho, uno de estos días en que mi autoestima flojeaba en medio de mi penúltima crisis sentimental, aturullada por las emociones y llorando por las esquinas; mi  amigo Atilano me dio un consejo: “No vistas de calle cuando puedes ser la reina, píntate el ojo, embadurna tus labios de carmín, súbete las tetas en plan provocativo y di: aquí está Neleta, la diosa Minoica, quitémonos la ropa y pongámonos un Martini muy seco… como decía la Mae ”  Y aunque al principio el consejo me pareció poco acertado e incluso zafio,  confieso que cuando alguna vez lo he puesto en práctica me ha lucido mejor el pelo y no solo en el plano sentimental, ya me entendéis…

 

A estas alturas de mi vida, me he dado cuenta que no soy una de esas mujeres despampanantes que los tíos mirarían embobados al entrar en un local. Tampoco de las que levantan pasiones a su paso. Como todo el mundo tengo mis días, unos mejores que otros, acordaos sino de Coco Chanel, cuando decía que no hay mujeres feas, sino mal arregladas. Tampoco me considero,  ni sensual, ni sexy ni nada por el estilo; más bien al contrario. Por eso me valgo de mil y una argucias que tratan de compensar mis limitaciones: mil y una miradas, trapitos y lecturas que me suben la autoestima en esa jungla emocional del día a día en la que voy sobreviviendo como puedo, aún a costa de sucumbir en el intento.

 

Dicen que en el amor y en la guerra todo vale… De ahí que tampoco me parezca tan descabellado usar estas pequeñas tretas de mujer si con ello vamos a conseguir pequeños logros. Desde lucir un bonito vestido con el que te veas más segura en la reunión, hasta esos tacones de vértigo que hagan sentirte la más seductora en esas noches locas en las que te olvidas de quien eres y te dejas engañar creyéndote otra como me sucede a mí ahora, mientras me contoneo en la barra con mis medias de rejilla…

 

Como dijo Sarah Jessica Parker y cualquiera que haya cumplido los dieciséis “El sexo está en el cerebro”. Otra cosa es como se acompañe un buen solomillo… hay quien prefiere patatas y hay quien prefiere setas…

 

Así que puestos a elegir, que queréis que os diga, ni setas ni patatas, me guardo la desgana en el bolsillo y con coquetería femenina, me atuso el pelo y allá voy… algo me dice que hoy es mi día. ¿Quién me invita a una copa?

 

 

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Foto: Mae West Lips sofa, Salvador Dali, 1937

 

 

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Categorías:Actualidad, Pensamientos

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7 respuestas

  1. Hasta muy pronto, Manu…
    Hasta cuando te habrás dado cuenta de lo que eres y de lo que vales!

    (Claro que cualquier cuadro ,si le ponen marco bonito , se nota mas!)

  2. Me encanta la posibilidad de que cada un@ utilice las tretas necesarias para sentirse totalmente divin@
    Pero… ¿quién no querría parecerse a Mae West? si hasta sus sinuosas curvas inspiraron la creación de la famosa botella de coca cola, según cuenta la leyenda.
    Genial entrada, Manuela!

  3. Que poderío de texto, chica!! Me han dado ganas a mi de plantarme unos tacones y pintarme los labios de rojo, y no de uno cualquiera 🙂
    Arriba esos momentos de plenitud contigo misma!!
    Besos

    Hope
    http://www.infinity-hope.com

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