Esa otra juventud.

En días como hoy, que vienen teñidos de gris y en los que los paraguas atropellan las calles, a servidora le entran ganas de echarse a esta bloguera calle virtual, cual moderna Pasionaria 2.0 y rebelarse ante todas esas patrañas que han ido soltando unos y otros, Rajoy, presidente, a la cabeza de toda esta banda de tahures de eurovegas… Lo decía ya el otro día un -¡cómo no!- inspiradísimo Jabois: “Rajoy es más gallego que diablo” y ante eso, poco puede hacerse; que los gallegos lo son hasta naciendo en Murcia, eso es indiscutible, lo son y hasta el fondo. Lo que sí discuto es que este tipo intente, a golpe de cadera, llevarnos al huerto de lo inconcebible, a un huerto de donde ni se sacan brotes verdes ni menos aún nabos de buena medida para hacerse con unos grelos decentes. Si esperaban un discurso anunciando prometedores decretos para salir de esta aceitosa crisis y para generar empleo, olvídense. Todo lo más que hemos logrado arrancarle -casi bajo tortura pública-, es la promesa de un plan de empleo juvenil. Joven. Una fabulosa promesa llena de buenos propósitos y de estupendas faltas ortográficas, que hasta “superhábits” pretendía sacar del huerto… Sí, empleo para “jóvenes”; requisitos: que tu DNI -no tú, ni nadie- diga que lo eres…Y me pregunto: ¿alguna migaja de pan para los mayores, alguna esperanza, algún plan de empleo a la vista para los que ya bailábamos en la “movida”…?

 

Nada. Pero antes de sumirme en la depresión más absoluta, releo un magnífico artículo de Carmen Posadas en el que habla de cómo la edad afecta sobre la vida laboral. Concretamente, sobre cómo las personas de más de cincuenta años “se ven”, a sí mismas, diez años más jóvenes de esa dichosa cifra que aparece en el documento de identidad. Y no me extraña, a mi también me ocurre y eso que aún me falta para llegar a esos cincuenta. Según ella, tan jóvenes se sienten que estarían dispuestos a empezar nuevos estudios, incluso una nueva aventura empresarial si alguien les diera el empujoncito necesario, o sea, adelantarles la pasta (pero claro, también nos vetan la palabra “emprendedor”, …”¡fuera!, tú no puedes emprender… viejuno!”). Y todo ello, justo ahora que los empresarios se empeñan en poner en el punto de mira de sus regulaciones “eróicas” a estos colectivos, alegando razones tan egoístas -y absurdas, claro, que “sólo un necio confunde valor y precio…”- como que uno de cincuenta sale más caro que dos de veinticinco, recién salidos de la Facultad, dispuestos a comerse el mundo mientras se comen el muerto de una becaría mísera y esclava. Esta es una de las consecuencias que la ya triste y famosa reforma laboral nos ha traído: el Plan Renove también en el trabajo. El empresario contento, que es el que sella los sobres; el trabajador jodido, que es el mensaka que los lleva de despacho en despacho…

 

Y esta exclusión generacional es muy triste. A medida que te acercas a los cuarenta, tu vida laboral empieza a languidecer -a no ser que además de rubia y ojos verdes, seas una Consejera Delegada vestida de Chanel y con “manolos” en los pies-, y sin quererlo, te ves cuesta abajo sin freno en una carrera inevitable y abocada al desempleo, al paro: ya sabéis, por experiencia. Triste experiencia. Lo comentábamos la semana pasada unas compañeras y yo, cuando salíamos de hablar con el abogado sobre nuestras justas (y escurridizas) indemnizaciones de despido. Ellas apenas llegaban a los 30 y ya se sentían “muy mayores” para entrar de nuevo en el mercado laboral. A punto estuve de abalanzarme sobre ellas, poseída, pero poco hubiera conseguido, ni tan siquiera el aplauso y la solidaridad de algún veterano compañero. ¿No se dan cuenta ellos? ¿No? ¡Ciegos!: una mujer a partir de los cincuenta, además de saber gestionar mejor su vida -experiencia vital, le dicen- no tiene dolorosos e incómodos periodos menstruales ni premenstruales, ni inoportunos permisos de maternidad, ni niños que pasan malas noches y con los “ex”, todo está ya liquidado. Además, gracias a la madurez que da la edad, estas personas suelen estar más centradas -vital y profesionalmente- que los más jóvenes, aún aturdidos y despistados en una permanente e ignorante “edad del pavo”. Y lo más importante, cuentan con algo muy valioso, un tesoro laboral: el trabajado oficio, la sapiencia y la madurada experiencia, tan poco consideradas hoy en día y tan sabias y necesarias…algo sin precio que las empresas -encerradas en la fuerza centrífuga de sus propios números rojos- se empeñan en minusvalorar.

 

Decía Picasso que ser joven lleva su tiempo…¡cuánta razón! Mucho tiempo, mucho: tal vez toda una vida, casi tanto tiempo como hacerse mayor. Los cincuenta y tantos de ahora son los treinta y tantos de antes y sino mirad a Julianne Moore o a Hillary Clinton o a la misma Carmen Posadas y a tantas otras y otros que llegan a su espléndida madurez con las mejillas enrojecidas de satisfacción y un extraño y juvenil brillo en los ojos, seguros de sí mismos y de su valía. Sí, la edad y las barreras de las décadas se derrumban, se difuminan y se mezclan entre ellas y ser joven ya no es una cuestión de DNI sino de mentalidad, algo intangible, líquido, ligado más a tu mirada vital, a tu propia sensación interna. Y como Rajoy, también diablo, no lo hace, algún avispado empresario debería pillar este cuento de las cuentas mal hechas y contentarse con ese chollo que somos los parados de ´mediana edad`, los excluidos de los nuevos decretos emprendedores y dejarse de ñoñeces y contratar experiencia y saber hacer…Así que si os enteráis de algún ´despistado` empresario que se anime, avisadme, que ya tengo puesto al día mi CV.

 

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Tras escribir estas reflexiones -más desordenadas que nunca, perdonadme, pero el cabreo nubla y retuerce mis renglones- me entero de que Soraya anuncia que “incentivará…que los jóvenes emprendedores que contraten a mayores de 45 años…tendrán una reducción de hasta el 100% en las cotizaciones sociales durante el primer año.”
¿Lo veis? Tener más de 30 es incompatible con ser emprendedor y, por supuesto, las medidas que pueden beneficiar a alguien de 46 o de 55 pasan siempre por la actividad de un jovenzuelo laboralmente recién parido…

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Foto: Carmen Posadas

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Categorías:Actualidad, Futuro, Pensamientos

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