¡Bang!, ¡Bang!

Después de varias semanas soñando con procedimientos tributarios y declaraciones censales, hacerlo con un Henry Fonda millonario en la cubierta de un barco devuelve cierta paz y me recuerda que las vacaciones están a punto de empezar.

Mi atuendo veraniego me delata. Y mi escote también. Aunque no debería. Hay cosas que anuncian mucho mejor el peligro que se avecina, y desde luego no son precisamente mi vestido ni mi escote. Me refiero a esa Barbara Stanwyck amenazante que, subida a sus tacones infinitos, me observa inquisitiva, dispuesta a abalanzarse sobre su presa.

De nada sirve intentar distraer su atención apurando la bebida de un trago, como si yo también fuese una femme fatale y el barco el escenario perfecto de una película de Preston Sturges. No. Ni siquiera así consigo templar los nervios. La torpeza —esa fiel compañera de los momentos decisivos— vuelve a delatarme. Lo único que logro es aturullarme todavía más y acabar con el bolso en el suelo y todas mis cosas desparramadas alrededor: la polvera, la libreta nueva, las llaves, mi consabido despiste… Todo por cubierta, como si alguien hubiese decidido convertir mi dignidad en gag cinematográfico.

La suerte, como en una partida de cartas, está echada. O eso parece.

Se diría que mi presencia la inquieta. Con su pulsera abrazándole el tobillo y ese contoneo inconfundible, la veo acercarse con cara de pocas amigas y no precisamente para ayudarme con el desaguisado. Al contrario. En medio de mi desconcierto, y aun a riesgo de parecer una timorata, apenas puedo hacer otra cosa que recoger la polvera, abandonar el estropicio a medio camino y alejarme deprisa procurando no causar más revuelo.

Porque la presa soy yo. ¿Qué os pensabais?

Las mujeres somos así: implacables cuando creemos peligrar nuestra posición de privilegio, y más aún si hay hombres de por medio. Henry Fonda es un trofeo demasiado apetecible para compartirlo: millonario, elegante y guapo. Lo sé.

Mejor despertarse y dejar que la película siga su curso y yo el mío. Demasiada aventura para una noche como esta, me temo.

Aunque, bien mirado, antes de volver a mis procedimientos tributarios quizá debería seguir el consejo de Tallón y buscarme un amante de verdad. Uno decidido.

Por cierto, ¿sabéis si Pirlo sigue libre?

LadyEve8

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Foto: Henry Fonda y Barbara Stanwyck (Las tres noches de Eva)



Categorías:Momentos, Pensamientos

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10 respuestas

  1. che fatica tradurre! ti mando questa la conosci?

  2. Pirlo,libre? No me resulta…
    Veo que estas en plena revolución mental , y lista para viajar, hablando figurativamente …
    Con tus relatos se viaja mucho, sabes?
    Gracias por estas entradas!

  3. Yo te diría cuatro cosas… sólo cuatro, ya sabes, pero me temo que tienes el listón tan alto y yo que soy torpote de nacimiento, no puedo con las alturas…

    Tu preguntas por Pirlo y yo pensando en Monica B… si es que ni en eso nos ponemos de acuerdo… Todo el fin de semana esperándote entre el Rastro y la Gran Via… entre el Paseo del Prado y…

    Es cierto lo que dice la Chica de San Fermo ( que en alta estima tengo…) con tus relatos se viaja mucho..!

    Y hablando de viajes… un beso de esos de los impacientes y de los de ya he puesto en marcha el mio y como aquel muñeco al que se le da cuerda… esto ya no lo para nadie…

    Nas Noches Guapi.

  4. En el próximo sueño a la Stanwyck la quitas de en medio, si es preciso, le das un bolsazo que la deje aturdida y así te quedaría Henry Fonda para ti solita, porque él no deja de preguntar por ti 🙂
    Besitos viajeros

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