Pasen y Vean:

 

Pues sí señores. Yo también lo soy; aquí donde me ven soy una más de los 5,960,562 parados de este país. Y lo confieso así, de golpe y a pesar de mi vergüenza, a tumba abierta, al más puro estilo “Alcohólicos Anónimos”. Me llamo Manuela, soy una parada.

Han pasado seis meses pero parece que fue ayer, ayer cuando recibí la llamada del Director de Personal. Todavía resuena en mis oídos “Manuela, ¿puedes subir por favor?”. Nunca olvidaré el desamparo con el que entré en aquella sala, temblando, donde me esperaban los Jefazos, y cómo en un momento el mundo, tan en el aire, se me cayó encima. Y todavía sigue ahí, desplomándose sobre mi, no crean: “Como sabrás y resultado de las automatizaciones en el Departamento, tu puesto de trabajo ya se ha amortizado”, me dijeron tan tranquilos, mientras me enseñaban los papeles a presentar en el INEM. Mi mente estaba lejos, tan lejos que no conseguí oír nada de lo que me decían. “Y este es el finiquito” oía como un eco lejano. Me estaban puteando hasta con eso, veinte días, los muy cabrones… “son las causas económicas y organizativas… ya sabes. No tenemos ninguna pega contigo, al contrario, eres una profesional excelente…. pero las cosas son así”…

Sí, las cosas son “Así”.

elDorianGraydelINEM

 Aguanté como pude el trago, con la poca entereza que me dejaron pero con la cabeza bien alta. Recuerdo que al salir de aquel infierno, con mi talón en la mano, rompí a llorar y también recuerdo cómo algunos miembros del Comité de empresa se acercaron a consolarme. Sí noté, sin embargo, una cierta frialdad por parte de los “compañeros” de Personal, los curritos de a pie; supongo que a fuerza de ver desfilar por delante de sus narices tantos y tantos expedientes de despido, ya estaban acostumbrados a estas escenitas, ya saben, como el médico que no puede encariñarse con el paciente no sea que se le vaya a escapar…¿No se dan cuenta de que tal vez sea su propio finiquito el siguiente que tengan que tramitar?…Hubiera agradecido un poco más de consideración, tan sólo un poco de humanidad, de empatía…nada más. Con eso me hubiera valido.

En aquella confusión, pese a la neblina que rodeaba mi razón, sólo sabía que desde aquel momento empezaba una nueva vida, la de una desempleada más, la de otra parada más dentro de aquella fría cifra, 5,960,563… Recogí mis pertenencias como pude. Parece mentira cómo en los quince años en aquella que fuera mi casa hubiera acumulado tantas cosas… me despedí entre lágrimas y así, cargada de bolsas y cajas, me arrastré hacia la entrada del metro. Era el fin de un infierno, el de más de cinco años con la espada de Damocles pendiendo sobre mí cabeza, intentando escapar del fantasma de un despido sin remedio.

Irremediable despido.

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Foto: Alberto Cuéllar

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Categorías:Actualidad, Momentos, Pensamientos, Uncategorized

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