Madame Rocheteau

Vivian_Maier_Self_Portrait_Expressions

 

A Marlene Rocheteau, la conocí hace unos años en uno de mis cursos de arte. Desde el principio me pareció una mujer poco convencional, más bien particular en su modo de aceptar las cosas, incluso las más pequeñas, las que desapercibidas dejan de tener sentido para cualquiera, menos para ella. Sentada junto a la ventana parecía mirar el mundo desde sus gafas de metal. Despreocupada en apariencia, se mostraba interesada por las lecciones con un gesto teatral, como si también ella formara parte de la lección.

 

Intervenía con vehemencia, discutía, le gustaba imponer sus opiniones sin apenas alzar la voz. En la distancia, yo la observaba. Me gustaba imaginar la clase de vida que una mujer como aquella, tan apasionada, podía haber llevado en su juventud. La adivinaba como una vieja institutriz de película antigua, eso cuando mi imaginación no se encendía y la suponía protagonista de una vida disipada, con algún amante, un hombre de traje azul y ojos de zorro escapado de un cuadro de Otto Dix. Mis ensoñaciones terminaban en cuanto el fin de la clase llegaba y, envuelta en su bufanda de cuadros, la veía desaparecer escaleras abajo con su andar rápido, enfilando la calle Mayor cada vez más diminuta en la distancia, hasta la semana siguiente que, puntual, volvía a la clase de arte, para sentarse otra vez junto a la ventana.

 

No sé por qué, pero sin darme cuenta empecé a escribir sobre ella. Escribía sin mayores pretensiones, una especie de terapia literaria. Me lo había recomendado un psicólogo cuando perdí mi trabajo en la editorial. Escribe me dijo, te vendrá bien. Y le hice caso, empecé a escribir. En un cuaderno perfilaba el personaje, quería que cobrase vida en uno de mis cuentos. Escribía sin rumbo, me gustaba hacerlo así, quería que fuera su voz la que hablara, no la mía. La veía pasear por entre los párrafos como una chiquilla, a saltitos una veces, otras se imponía pisando fuerte, misteriosa con una desenvoltura que me desarmaba, dueña como siempre, no solo de la situación, también de mi cuento. (Leer cuento completo en vozed)

 

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Foto: Vivien Maier

 

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