Lo que fuimos

fotograma_Jeanne-Moreau_La-notte_1961

 

Mucho antes de que esta historia empezara a escribirse o al menos perfilarse como cierta, acabábamos de ser trasportados Javier y yo, por el torbellino del agua y después, engullidos por el desagüe de la bañera. Por suerte todo había sucedido demasiado rápido para ser conscientes de cuanto ocurría: que ninguno de los dos éramos ya nosotros; que no era yo, ni siquiera Javier era ya él, solo el fluir de unos cuerpos que el remolino de agua se tragaba avaricioso, cañería abajo.

Suena tan increíble dicho de este modo, surrealista casi, que es ahora momentos después, y sigo sin encontrar explicación a este nuevo estado en el que nos encontrábamos, tan liviano, casi etéreo, inexistente, en el que ni siquiera podíamos ofrecer resistencia mientras el agua nos llevaba. De haber adivinado un final así, tal vez hubiéramos acelerado nuestras ganas de convertir en un aullido lo que se agitaba dentro de nosotros momentos antes, ese ardor que empezaba por la punta de la nariz y crecía abriéndose paso infame, aflojando nuestras piernas, que de ligeras no sentíamos.

Lo achacamos primero al calor, después a la desesperación del deseo, pero ambos sabíamos que era mucho más que eso. El agua templada de la bañera, la altivez de nuestros cuerpos, la espuma, quien sabe si el temor de que al abrir los ojos todo aquello no fuera cierto. Y sin embargo era todo real, tan real que todavía siento el mordisco de Javier en mis labios y la expresión de sus ojos fijos en los míos y el agua teñida de rojo.

Pero todo empezó mucho antes, unas semanas antes. Por entonces no lo atribuí a aquel elixir hecho de hierbas del Dr. Yang que Javier tomaba para su decaimiento, y le hacía sentir además de más elocuente, otro en su modo de comportarse conmigo: más generoso y vivo. Unas gotas de aquel elixir antes de cada comida, decía el prospecto que obraba el prodigio. Por mi parte también yo me sentía cansada, la pesadez de mis días no me dejaba dormir, me mostraba esquiva en mis encuentros con él, se imponía la urgencia de ese milagro cuanto antes.(Leer texto completo en vozed)

 

 

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Foto: Jeanne Moreau, La notte (1961)

 

 

 

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Categorías:Momentos, Uncategorized

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2 respuestas

  1. Hola soy Aelfrich Sparemberg, envíame cuando puedas una dirección de correo electrónico, y te enviaré un par de escritos que me gustaría conocer tu opinión,

    Ya no cuelgo nada en el blog, no tengo apenas tiempo, pero si para avanzar con mi obra

    Saludos

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