Demasiadas preguntas

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Fue a finales de mayo cuando empecé a trabajar en la fábrica de galletas. Me acuerdo bien porque por aquel entonces operaron a mi madre de un tobillo. Lo que parecía la convalecencia tranquila de una intervención sin importancia se complicó cuando el cirujano la recomendó reposo absoluto. Acostumbrada a mi desordenada vida,  me vi obligada a trasladarme a su casa y reencontrarme con su carácter irascible y con muchas de sus manías que creía ya olvidadas, como esa facilidad para entrometerse en mi intimidad, y un gato al que siempre odié. No tuve alternativa: mi madre me necesitaba y mi maltrecha economía después de varios años sin un trabajo estable, también.

 

Pasaba buena parte del tiempo en la fábrica, un trabajo por lo demás repetitivo y carente de interés. Nadie en su sano juicio, hubiera encontrado divertido estar pendiente de que las galletas se empaquetaran correctamente, desechar las defectuosas y procurar que la luz verde de una desvencijada maquina se mantuviese siempre así. Tampoco yo, pero en eso consistía mi trabajo.

 

Llegaba a casa y mientras me ocupaba de mi madre y preparaba la comida creía seguir oyendo el rugido de la máquina empaquetadora en mi cabeza. Mi madre recostada en el sofá, rodeada de periódicos trasnochados, me contaba refunfuñando las novedades de su aburrido día, y aunque intentaba mostrarme afable, y mantenerla entretenida con historias de la fábrica, qué importaba que muchas de ellas fueran inventadas, solo veía galletas y más galletas: de chocolate, redondas, cuadradas… Galletas que asaltaban y enturbiaban mi conversación y mi sueño.

 

A pesar de mis reprimendas, mi madre se movía de la cama al sofá ayudada de un bastón, con una ligereza que me sorprendía. Si me descuidaba, la encontraba junto a mí en la cocina con su cigarrillo y su pelo descuidado, trasteando y dándome conversación. Me sermoneaba y me hacía preguntas y más preguntas, de la fábrica, de mi jefe, de si algún compañero había logrado despertar mi interés a pesar de la rutina. Demasiadas preguntas para alguien que solo buscaba la tranquilidad de mis pensamientos. Pero ella estaba convencida que aquel trabajo y, sobre todo, esta nueva convivencia juntas nos ayudaría a recuperar el tiempo perdido y esa confianza que, tal vez por su forma de ser un tanto estrafalaria, nunca tuvimos.  (Leer texto completo en Vozed)

Highsmith

__________________

Foto: Patricia Higsmith

 

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Categorías:Momentos, Pensamientos, Uncategorized

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3 respuestas

  1. Siniestra madre… Demasiado tiempo sin perderme por tus textos cautivadores. Es un gusto regresar.
    Un abrazo.

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