Nada más que sueños.

BOTTURA

Ha vuelto a pasarme. Si en cuanto me levanto no corro a escribir lo que durante mi duermevela mi cabeza va maquinando, puedo darme por perdida. Llevo una temporada que no recuerdo ni lo que sueño. La cosa me jode más aún si es Massimo Bottura el protagonista de mis desvelos y no soy capaz de recordar una sola imagen. Me pasó también cuando soñé con un más que prometedor compañero de la revista Motociclismo y después de una noche confusa, entremezclada con un paseo por la Cava Baja y un montón de cervezas en el Templo del Gato; desperté sin saber que sucedía, una vez que nos montábamos en su moto con destino más que desconocido.

 

Pero lo de la pasada noche, ha sido aún peor. Estaba escribiendo en sueños mi mejor relato, lo tenía casi hilvanado. Las frases se mecían con la soltura que solo una noche de copas o la somnolencia es capaz de regalarte. Y sin embargo, algo fallaba. Uno de los personajes, parecía dispuesto con sus caprichos a complicarme una trama que por lo demás no sabría precisar. Esto me hacía mostrarme inquieta, pocas veces me sucede algo así, ni siquiera cuando en la realidad de mi día a día me veo perdida en encuentros que a nada conducen; pero esta vez era distinto, estaba escribiendo el relato que me haría famosa y no era capaz, de poner orden en el argumento ni de acordarme de una sola línea.

 

Al despertar, tratando de poner luz en mi confusión y mientras me lamentaba de mi mala suerte, no sé porque me vino a la cabeza Carver y uno de sus cuentos que leí este verano. La protagonista, recién levantada acostumbra a recordar cada mañana sus sueños. Lo hace con pelos y señales; sueños que comparados con los míos tienen ese exotismo de quien además de una vida organizada, vive en Oregón y tiene una casa con jardín. En este universo que se vislumbra idílico, no falta tampoco un marido que la escucha con paciencia y que incluso trata de buscar significados a esas historias oníricas que ninguno de los dos entiende, animándola a escribirlos en una libreta. ¿No es este el vivo ejemplo de la felicidad conyugal?

 

Ahora mientras escribo pensando en el cuento y envidio esa felicidad que no es mía, me doy cuenta que tal vez no sea un marido que me empuje a escribir mis sueños lo que necesito, tampoco una casa solariega con jardín que me sirva de inspiración, no en vano mis necesidades son tan cambiantes como lo soy yo. Dirán ustedes que una libreta a mano, no me vendría nada mal. No se lo niego, de haberla tenido, a estas alturas tendría las primeras líneas de un balbuceante relato y no estas reflexiones sin sentido con las que una vez más les importuno. Pero no se alteren, estoy convencida que esta noche todo será diferente, lo presiento. Y si no, ¿qué importancia tiene?, al fin y al cabo, aunque míos ¿no son solo sueños? Pues eso.

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Foto: Massimo Bottura

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Categorías:Momentos, Pensamientos

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5 respuestas

  1. Hola Manu,
    Lo de la libretita es muy práctico. Te lo digo porque yo me vuelvo loca intentando recordar mis sueños-historias 😉 😉
    Besetes…

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