Hago ¡chás! y aparezco a tu lado…

 

Mi muy mejor amiga me contaba que su dietista, una especie de chamán, le había recomendado unas hierbas traídas especialmente de la China. Mientras me lo explicaba la notaba emocionada como una niña con zapatos nuevos. ´Fíjate: basta con tomarlas en infusión dos veces al día para que te ayuden a calmar el apetito y la ansiedad, sobre todo después de los atracones de estas fiestas. Son milagrosas…pruébalas!` Según la entendí, esas hierbitas hacen que una se sienta ligera, un poco así como la protagonista de la película de Woody Allen, Alice, cuando tomaba las hierbas que le daba el Dr. Yang. Es tomártelas y uffff…tienes la sensación de que te vas a volver invisible o de que te va a ocurrir algo verdaderamente excitante…

 

Quien más, quien menos, siempre ha deseado ser invisible en algún momento de su vida. No me digáis que no…Tomarte una pócima, chasquear los dedos y quitarte de en medio, salir de la pantalla de todas esas situaciones tan inoportunas que atravesamos por todo el día a día. Discusiones familiares bizantinas de esas que se alargan hasta lo indecible y que no conducen más que a descomponerte por dentro. Otras veces te aprovecharías de tu invisibilidad recién estrenada para colarte en esas reuniones de Estado, en las que se deciden tantas y tantas cosas de nuestro futuro y hacerles un corte de manga cada vez que la palabra “recorte” saliera de la boca del dirigente de turno. O por qué no…?, deslizarme en tu cama y velar tus sueños, esos que muchas veces te hacen mal dormir. Y estar ahí, testigo mudo de tus miedos, sirviéndote, ajena a ti misma, de aliento. ¿No sería fantástico?

 

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Lo malo es que el andar disfrazada de mujer invisible por la vida también serviría para enterarte de cosas que tal vez preferirías no saber, ya sabéis. Bendita ignorancia, esos maledicentes cotilleos de tus amigas, secretos que mejor mantener ocultos o de lo contrario, se convertirían en malditos ex-secretos.

 

Aunque desde luego, otras veces sucede lo contrario. Cuando eres la discreción personificada lo que intentas es huir de esa invisibilidad que te has impuesto, dejar de ser invisible para los demás. No quieres saber nada ni de chamanes ni de doctores Yang, sólo tirar la pócima por la ventana y gritar: ´aquí estoy yo y esta boca es mía`. Por mi parte, ya veis… nunca he querido ser invisible porque en realidad, la mayoría de las veces creo serlo; no soy de esas personas con personalidad magnética y un aura especial, capaz de llamar la atención dónde quiera que vaya. Al contrario que a toda esa gente apasionada por ser la alegría de la fiesta, el protagonista de la peli, yo prefiero que no se fijen en mi. Supongo que será en gran parte para poder hacer lo me de la gana sin tener que contar con la aprobación de las demás miradas. Me gusta pasar desapercibida, ver la vida desde mi rincón, ver cómo se mueve la vida a mi alrededor.

 

Se necesita mucho valor para pasar de la invisibilidad casi absoluta, a ser visto públicamente, juzgado y valorado. Se necesita mucho valor para elegir perder a unos en lugar de seguir perdiéndote a ti mismo…y esta es la prueba, quién me lo iba a decir, eterna ´desaparecida`…Aquí estoy, ´Soñando Con Maletas`.

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Foto de la película “El hombre invisible” de James Whale

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Categorías:Momentos, Pensamientos, Recuerdos, Sueños, Uncategorized

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