
Hay pocas cosas que me gusten tanto como perderme en una exposición y dejar que los cuadros me contagien su inspiración a cada paso. Cuando me enteré de que podía verse una muestra de Maruja Mallo en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, me lancé a documentarme. Quería llegar preparada, pero también dispuesta a sorprenderme con el corazón abierto.
Supe que Estrella de Diego impartía una conferencia sobre los años de exilio de la artista, titulada Dormir con el cerebro en la mano, y no dudé en asistir. Tuve suerte: mucha gente se quedó fuera. Entre anécdotas y comentarios fui componiendo, poco a poco, una imagen más nítida de la obra y la personalidad de Maruja Mallo. Aquella charla me despertó aún más la curiosidad. Empecé a leer sobre ella, a seguir el rastro de su vida y de sus cuadros.
Su modernidad —con un punto de extravagancia— me fascinó. Cuando regresó a España en los años de la democracia y la movida, volvió a moverse por los ambientes culturales de Madrid como si nunca se hubiera marchado. Incluso Pedro Almodóvar se ha declarado admirador suyo y ha dejado que algunos de sus cuadros se cuelen en sus películas —Dolor y gloria y La habitación de al lado— como quien invita a una vieja amiga a aparecer en escena. Todo aquello no hizo más que aumentar mis ganas de ver la exposición.
El sábado pasado le propuse a Juan que me acompañara al museo y, cosa rara en él, aceptó encantado. Llevaba días hablándole de Maruja Mallo, de la conferencia y de otras charlas, animándole incluso a que también leyera sobre ella. Quería contagiarle mi entusiasmo. Como era de esperar, no me hizo demasiado caso. En realidad, me acompañaba porque sabía que yo no quería perdérmela; de ser por él, probablemente habría preferido quedarse en la cama.
Al entrar en la exposición tuve una sensación extraña: como si ya hubiera estado allí antes. La luz tamizada de las salas, el silencio contenido, los colores que ya reconocía… Ninguno de los cuadros me resultaba del todo nuevo. Había visto reproducciones, leído descripciones, imaginado sus formas.
Nos detuvimos frente a sus Verbenas. Según el cartel explicativo, una de las tres mujeres que aparecen en el centro era la propia Maruja Mallo. Se lo estaba contando a Juan cuando me acerqué un poco más, apenas unos centímetros, tratando de captar un gesto, un matiz que había aprendido a buscar tras tantas lecturas.
Entonces sentí la presencia de la vigilante de sala a mi lado.
Con una sonrisa amable, pero firme, me advirtió que no podía acercarme tanto.
—Figúrese si le pasara algo.
Me disculpé mientras veía a Juan reírse discretamente. Algo avergonzada, continué el recorrido guardando escrupulosamente la distancia. Durante un rato estuve más pendiente de los vigilantes que de los cuadros. Permanecían apoyados contra la pared con aire tranquilo, pero bastaba que alguien avanzara unos centímetros de más para que aparecieran a su lado con una discreción casi milagrosa.
Al entrar en otra sala, Juan me avisó en voz baja: una obra estaba acordonada y no se podía traspasar la línea negra del suelo. Cuando un señor despistado se aproximó demasiado, la vigilante se lanzó como un rayo para regañarlo.
—¿Ves? —susurró, divertido—. No eres la única.
A partir de entonces recorrimos las salas con una prudencia casi teatral, como si las líneas del suelo fueran fronteras invisibles. Yo seguía contándole detalles: sus amistades, los años de exilio, su manera de vivir y de pintar sin pedir permiso a nadie, incluso su curiosa fascinación por la geometría y las matemáticas.
Poco a poco olvidé a los vigilantes y me detuve frente a los cuadros con calma. Por mucho que me hubiera documentado, nada podía sustituir lo que ocurre cuando uno se planta ante la obra real y descubre matices que ninguna reproducción consigue atrapar.
Al final, como al comienzo de la visita, sentí de nuevo esa chispa de inspiración que solo el arte visto de cerca —lo suficientemente cerca— sabe provocar. Eso sí, después de mi pequeño incidente, procuré mantener siempre la distancia reglamentaria… y disfrutar del arte sin riesgos.
Cuadro: La Verbena de Maruja Mallo
Categorías:Actualidad
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