
Hace unos días, alguien a quien había conocido recientemente me pidió que le enviara una postal desde mi lugar de veraneo. Insistió en que no hacía falta que fuera una postal al uso, bastaba con que le contara, con palabras, cómo eran las palmeras y el azul del mar en este lado del Mediterráneo. No me pareció tan mala idea. Éstas iban a ser las vacaciones más largas en años, y seguro que tendría mil cosas que contar.
Dejé pasar un tiempo. Tampoco iba a decirle que me pasaba los días leyendo, que Leila Guerriero y Claudia Piñeiro se habían convertido en mi mejor compañía. No parecía adecuado contarle que andaba preocupada por una gran decisión sobre mi futuro profesional, una que tendría que tomar en unos meses y que me tenía bastante inquieta. Ni que estaba intentando volver a escribir después de unos años dedicados a estudiar, y que muchas tardes, a falta de inspiración, me pasaba repasando la ley de contratos mientras los demás dormían la siesta. Ni mucho menos que me pasaba los días envidiando los viajes de otros por paisajes nuevos, y que, en realidad, estaba harta de mí.
Preferí obviar todo aquello y limitarme a decir que la vida aquí pasaba lentamente, pero que, cuando te querías dar cuenta, ya habían pasado las semanas. Que, aunque la décima ola de calor hacía insufrible la vida si no estabas bajo el ventilador, el mar y la compañía hacían de esto un verano único. Que estaba segura de que él estaría entretenido disfrutando de un verano mucho mejor que el mío y que no iba a interesarse por cuánto le contara. No entré en más pormenores. Era mejor resultar enigmática, enmascarar mi realidad y mis silencios con un disfraz de cotidianidad veraniega.
Terminé enviando así mi postal, estaba segura de que sabría leer entre líneas, y si no, le prometí que lo volvería a intentar en una próxima, en la que no faltaría esta vez el azul del mar y un montón de palmeras. Seguro que, para entonces, aunque todo fuera diferente, yo seguiría siendo la misma, aunque eso sí, un poquito más morena que por algo estamos en verano. Bendito verano.
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Foto: Playa de Santiago de la Ribera. BIBLIOTECADIGITAL.CARM.ES
Categorías:A cerca de mi, Momentos
Grazas.
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Y yo veraneando con mis padres, durante mi juventud, en Santiago de la Ribera. En algún momento habremos compartido palmeras y cielo azul… Un fuerte abrazo, estimada Manuela.